Mirador, por ejemplo, siempre me ha parecido alucinante. No solo por su belleza intrínseca, sino por la serenidad que transmite. Claro, que cuando leí que la idea para la ciudad que se ve al fondo la había sacado de un manojo de cebolletas que tenía en la cocina, pues que quieren que les diga, perdió parte de su misticismo.